“Hace 10 años que no podemos vivir tranquilos”

Los okupas de La Enredadera son un grupo de izquierda radical que hace diez años viven adueñados del edificio número 10 de la calle Anastasio Herrero, en Tetuán.

Los vecinos aseguran que llevan años sin poder vivir tranquilos porque las fiestas son constantes y dan voces hasta altas horas de la madrugada. “Sobre las 9 de la noche empiezan con la música y no paran de armar escándalo hasta después de medianoche”, relata uno de ellos.

Hace 10 años que el dueño del inmueble cedió el edificio. Pero en el año 2014, se dio cuenta de que los okupas lo estaban utilizando para hacer actividades “antifascistas” y decidió denunciarlos pidiendo su desalojo. Pero desde entonces, los problemas solo se han incrementado. Hay ventanas tapiadas, cables enganchados… Las cristaleras del bajo del edificio están llenas de carteles de hace años, porque el edificio está completamente descuidado. En el segundo y tercer piso hay cristales rotos y mantas colgando para que no se pueda ver la vivienda por dentro desde fuera.


El Departamento de Disciplina Municipal del ayuntamiento emitió entre el año 2016 y 2017 dos notificaciones en concepto de incumplimiento de las actividades para las que se destinó el edificio.

Tienen el apoyo de otros grupos de okupas que defienden la usurpación. Afirman que hay edificios de gente rica que “llevan abandonados muchos años y nosotros los reutilizamos”. “La Policía les está constantemente molestando, les dice que se vayan de ahí y no estamos de acuerdo con esto, porque es injusto que haya tantos inmuebles vacíos siendo que hay tanta demanda de viviendas”, explican.

Los okupas de La Enredadera se definen como un “centro social autogestionado” y dicen que llevan a cabo actividades como refuerzo escolar. Sin embargo, los vecinos de Tetuán afirman no haber visto nunca un niño entrando. “Eso sí, vemos un bar y una furgoneta que semanalmente descarga cajas de cerveza, un gimnasio y un estudio de tatuajes que hasta promocionan por internet”.

“Necesitamos poder vivir tranquilos, sin miedo ni ruido después de 10 años de esto”, aseguran los vecinos. Piden que las autoridades actúen y que se pueda hacer algo para que estas personas abandonen el edificio y dejen de perturbar su descanso.

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